Cuando México comía de las chinampas

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Hace 500 años, pasear a pie por la ciudad de México hubiera sido imposible. El Lago de Texcoco, que en ese momento cubría una buena parte de la Ciudad de México, alimentaba a sus habitantes con diversos sistemas agrícolas (ahora casi extintos) que involucraban el aprovechamiento sustentable de las aguas y no la deforestación para la crianza de ganado o la siembra de grandes latifundios.

El más famoso de ellos son las chinampas. Se trata de un terreno formado por troncos, varas, tierra y compuestos orgánicos; se ubican cerca de los linderos del lagos o los ríos. A estos montículos artificiales se les siembran árboles de raíces profundas para que den estabilidad y, sobre ellos, se cultivan flores, maíz y un sinnúmero de plantas. Esta técnica preserva el terreno y permite una mayor absorción de agua de lluvia.

Otro método, que cubría amplias regiones de Ecatepec, y ahora ha desaparecido de nuestro paisaje, son los bancales. Se utilizan en terrenos serranos; consisten en pequeñas terrazas construidas con muros de piedra y arcilla, éstas permiten escalonar la tierra para acondicionar suelos rectos. Este método también es conocido por evitar la erosión y aprovechar al máximo las zonas que para otras técnicas serían inútiles.

Estas técnicas antiguas, pero extremadamente eficientes, alimentaron a un Valle de México que ahora se sume en la contaminación y la sequía. Quizá sea tarde para volver, pero aún es tiempo de recordar que el vivir en grandes urbes nunca fue sinónimo de destruir el medio ambiente.

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