La flor de los veinte pétalos

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La “flor de los veinte pétalos” se ha convertido en unos de los íconos de las fiestas de muertos. El tallo de esta flor puede llegar a medir un metro de alto y sus botones alcanzan hasta cinco centímetros de diámetro.

Tiene una función decorativa y también ha sido utilizada para la fabricación de insecticidas o de algunos medicamentos. Esto nos hace reflexionar en torno al uso que los antiguos mexicanos le dieron como parte de su medicina integral, como lo es el té de tallos y botones de dicha flor para aliviar cólicos estomacales o para detener la diarrea, vómito e indigestión. Otras formas de uso es en baños, untada o fomentos.

La flor también es utilizada en la industria textil y cosmética, se usa como colorante para tintes y cremas color amarillo.

 

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El estado de Puebla es el principal productor de cempasúchil, sin embargo, en los años 90, México perdió fuerza de venta de la flor. Actualmente lo es China con el 75% de su comercialización y México sólo con el 3% de venta y producción de flores; esto se debió porque México no contaba con mano de obra barata y porque aumentó el costo del cultivo.

 

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Actualmente se conserva el uso con el que se empleaba en las culturas prehispánicas. Los mexicas consagraban las flores a la diosa Xochiquétzal, diosa de la fertilidad, amor y sexualidad, esto se hace principalmente en las que se invocaba para obtener belleza, libertad sexual, sexualidad. El color de las pétalos, amarillo, les recordaba al Sol, por ellos los mexicas adornaban las tumbas de los difuntos con ramos de pequeñas flores, llamadas en ese entonces tonalxochitl, puesto que se creía que éstas podían guardar la calidez del día y que su aroma guiaría a las almas hacia la ofrenda de sus familiares durante su visita a este mundo.

 

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Una historia tlaxcalteca cuenta acerca de la hija de un cacique del pueblo que cultivaba múltiples flores, con distintos tamaños y colores, sin embargo sus favoritas eran aquellas cuyos pétalos eran de tonos amarillos y rojizos, los mismos colores del atardecer. Al derrotar el pueblo los españoles, la única opción fue pactar con Hernán Cortés y el cacique tuvo que entregarle como regalo a su hija, quién llego a manos de Pedro de Alvarado. El rey tlaxcalteca sólo conservo el recuerdo de su hija con la flor que mantenía en el jardín y que él deseaba llevar hasta su sepulcro.

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